Estaba cansada
de esperar que el viento
me susurrara su nombre.
Estaba cansada
del olor a flores muertas
de floristería barata.
Estaba cansada
de aprender pasivamente
sin participar en nada.
De ver, aprender, y callar.
De guardarlo para luego.
De esperar el momento.
Guitarra a un hombro,
macuto al otro,
lleno de libros y sueños.
Camino recto
guiada por los susurros del sol
y el olor de los encuentros.
Autodidacta en la vida,
los maestros son los días,
las lecciones los tropiezos.
Nada más hacía falta,
que ganas, tiempo
y zapatos buenos.
Era la hora, el momento
de aprender activamente,
de perseguir al viento.
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