lunes, 1 de diciembre de 2014

Me mirabas con los ojos de quien contempla las estrellas por primera ve tras dejar la gran ciudad.

Me acariciabas, y tus manos de músico tenían la firmeza y suavidad únicas con que tocas el piano.

Y sonreías, con esa sonrisa tuya que paraba el tiempo y el viento...y mi aliento.

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