domingo, 7 de diciembre de 2014

Me levanto con la misma sensación de siempre, de que a mi historia le falta un narrador. Piso el suelo descalza, y se estremece por lo fríos que tengo los pies. Será porque todo mi calor se dirige al corazón para que no se hiele. Un corazón al borde de la hipotermia que caliento sola, porque nadie quiere ayudarme a calentarlo. Un corazón que tiene mono de cariño, en pleno síndrome de abstinencia.
 Desayuno sola, como siempre, en silencio, como siempre, pensando en verso.  Será que hago poemas de mi tristeza para darle algún valor, como los grandes poetas.
Me visto despacio. Me pongo las bragas feas y un sujetador que no conjunta porque, total, nadie los va a ver. Nadie los ha visto en mucho tiempo. Nadie los va a arrancar en mucho tiempo. 
Cierro la puerta despacio, sin que nadie se de cuenta de que me he ido, como siempre. Camino con las manos en los bolsillos, la cara tras la bufanda y la nariz roja. El sonido seco de mis pisadas son la banda sonora de cada mañana. Recorro el camino camino de siempre sola como siempre. El frío, como siempre, va pisándome los talones, negándose a abandonarme. 

6 de Diciembre:El hielo sigue avanzando inexorable hacia mi corazón.

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