jueves, 1 de enero de 2015

1 de enero de mi año.

Primer día del año.

Aún nos estamos despegando poco a poco de los restos de la resaca que nos dejó el pasado. No nos ha dado tiempo a asimilar que de verdad ha pasado un año y, sin embargo, ya estamos llenos de nuevos propósitos.

Estoy sentada en el sofá, mirando hacia los 364 días que quedan después de uno aburrido de descanso. No puedo quitarme la sensación de que lo he desperdiciado. Un día entero. 24 horas. He perdido el tiempo, lo único valioso que nos queda.

Pero no me importa, no. No me importa porque sé que no voy a desperdiciar ninguno más. Cada día voy a saltar de la cama y me daré una ducha fría  contra los pensamientos pesimistas. Esos que dejo por escrito para que abandonen mi cabeza. Me lanzaré al cuello de la vida, para que me dé lo que me pertenece. Porque si se quiere se puede.

No pienso quedarme sentada esperando que las experiencias llamen a la puerta, porque no lo van a hacer. Voy a ir a buscarlas.

El 2015 va a ser mi año, como todos.


Feliz año nuevo.


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