¿Recuerdas
cuando las calles eran nuestras?
Pisábamos tan fuerte
que mis tacones y tus botas hacían eco.
Si nos llovía encima
saltábamos los charcos.
Si el asfalto conservaba el calor de la tarde,
íbamos descalzos.
No habia límites, ni metas, ni fronteras.
Para nosostros no existían
los callejones sin salida.
Y quizás mis pasos no fueran los más firmes
y tú tropezaras con frecuencia,
pero nos teníamos para ayudarnos
a levantarnos.
Fue tan especial
que casi me jodió que solo durara
lo que tardamos en llegar del bar a casa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por aportar tu granito de arena, es muy importante para mí.