Hace tiempo que no escribo.
Desde que te perdí, más o menos.
Desde que decidiste sacarte la vida
-ya negra y maloliente-
por la boca.
"¡Basta! ¡Ya soy libre!"
Eso hubiera gritado tu mirada si hubiese seguido en tus ojos,
pero no estaba.
Que solos los ojos cuando no tienen mirada.
Y te fuiste y me dejaste allí.
En frente tuya,
parada,
sin mirada,
sin aliento,
sin nada.
Eso, nada, es lo que me queda ahora
-como diría Malzieu-
que siempre es de noche para ti.
Y dime ¿hace frío allá arriba o no?
¿Es buena la cerveza de esos cinco mil bares que hay de camino al cielo,
según el abuelo?
¿Te sigue doliendo el vientre?
A mí ahora me duele.
Y el pecho.
Y todo.
Y me amargan las noches solitarias
como te amargaban a ti las medicinas.
Esto, lagrimales secos y un par de poemas rotos,
es lo que me queda ahora que siempre es de noche para ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por aportar tu granito de arena, es muy importante para mí.